El rol del intérprete: qué hacen quienes trabajan de comunicar en más de un idioma

Todos hemos visto a los intérpretes en acción en algún evento público. ¿Pero conoces en detalle los desafíos que estos profesionales enfrentan cada día? En esta nota te los contamos.

El rol del intérprete es fundamental en todas las comunicaciones orales en las que los participantes no hablan el mismo idioma. Reuniones privadas, actos de gobierno, congresos, conferencias, clases, consultas médicas, audiencias judiciales… El mundo globalizado encuentra cada vez más a menudo a personas de distintas culturas interactuando para alcanzar un objetivo y la interpretación, ya sea en persona o virtual, es la clave del éxito de estas comunicaciones.

Un intérprete es un traductor profesional

Para actuar como intérprete es necesario dominar más de un idioma, pero eso es solo el principio. Un intérprete es, antes que nada, un lingüista que estudia a fondo los idiomas con los que trabaja, los elementos que los componen, las formas en las que estos se relacionan, y las normas por las que se rigen. Pero, además, el intérprete es un traductor que domina técnicas y metodologías específicas de la profesión para transferir el sentido de una lengua a otra.

Siempre que se traduce de un idioma a otro hay que hacer adecuaciones. El pasaje del sentido entre lenguajes no es transparente ni automático porque las lenguas, como las culturas de las que son parte, tienen características y reglas heterogéneas que, en muy raras ocasiones permiten una equivalencia perfecta. En la interpretación, estas discrepancias surgen al ritmo del discurso y el intérprete debe resolver las adecuaciones en tiempo real, en un proceso que aún continúa sorprendiendo a los neurocientíficos. Es que la tarea del intérprete profesional es un esfuerzo cognitivo complejo que involucra en simultáneo la escucha en el idioma de origen, el análisis y comprensión de la intención del orador, la memoria a corto plazo, y la producción discursiva en el idioma de destino. Todo en cuestión de segundos.

Un intérprete es un especialista

A las competencias lingüísticas y de traducción, se le suman también otras que podemos llamar “extralingüísticas” porque su dominio no depende de los conocimientos específicos en idiomas pero son igualmente necesarias para el desarrollo del trabajo. Nos referimos a todos aquellos saberes específicos que se abordan en las conversaciones en las que el intérprete interviene, así como a las tecnologías que usa para desarrollar su trabajo.

Todas las conversaciones tienen un tema y un contexto. Para realizar mejor su trabajo, los intérpretes se especializan en áreas e industrias, lo que les permite hacer foco en el dominio de terminología particular y brindar un servicio más sofisticado. De la misma forma, se capacitan para actuar en distintos entornos y formatos del ejercicio profesional. Algunas de las aplicaciones pueden ser la industria médica y de las ciencias de la salud, la educación, las reuniones empresariales, los actos de gobierno, el ámbito legal, entre otras. La calidad de la interpretación depende, en gran parte, de la experiencia de un intérprete con el área temática y del estudio previo que haga del material a interpretar.

Los intérpretes, además, se especializan en los distintos recursos y tecnologías con las que desarrollan su actividad. Todos dominan recursos lingüísticos como bases terminológicas y glosarios. Los intérpretes para conferencias y eventos conocen además los pormenores del trabajo en escenario y ante cámaras, mientras que los intérpretes remotos se preparan para utilizar con destreza el software especializado y las distintas plataformas de videoconferencia.

Un intérprete es un mediador intercultural

Cuando una persona habla, no solo transmite un mensaje: comparte una forma de ver el mundo. Cada hablante lleva su cultura consigo donde vaya y los valores, tradiciones, costumbres y gustos aparecen reflejados en el lenguaje. Al trabajar como puente entre dos idiomas, los intérpretes actúan también como enlaces entre dos formas de ver el mundo. Por eso decimos que un intérprete es un mediador intercultural. Para hacer un trabajo exitoso, no basta con conocer los idiomas involucrados, sino que es imprescindible ser consciente y sensible a las culturas de las que los idiomas son parte.

Como el lenguaje es uno de los componentes más importantes de la cultura, suele suceder que dos comunidades que no comparten el lenguaje tampoco coincidan en muchos otros aspectos de la vida cotidiana en los que la cultura se hace presente. El desafío del intérprete como mediador intercultural es doble: debe realizar adaptaciones en el discurso para que la comunicación sea posible, pero cuidando de conservar también la riqueza que aportan las diferencias. Su rol es el de tender un puente que resuelva sin minimizar las posibles fricciones entre la visión del mundo del que habla y del que escucha, facilitando la comprensión mutua.

Un intérprete es un aliado estratégico

Por sus dominios lingüísticos, su capacidad de transferir sentido en campos especializados, y sus habilidades como mediadores entre culturas, el trabajo con un equipo de intérpretes guarda valor estratégico para cualquier organización.

Comunicarse en la escena global combina el desafío de construir mensajes y experiencias que identifiquen y diferencien a la organización, que sean culturalmente relevantes para cada una de sus audiencias, y que se integren de manera orgánica y consistente en todos los canales.

Lograrlo requiere de la asistencia de expertos en idiomas que aseguren calidad, eficiencia y un enfoque en soluciones personalizadas. Afortunadamente, la industria de los idiomas cuenta con alternativas accesibles para todos los proyectos. Un proveedor de servicios lingüísticos experimentado tiene la flexibilidad para poner a disposición de cada organización el equipo de interpretación más adecuado para alcanzar sus expectativas y las de sus audiencias, y añadir valor en cada paso del proceso.

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